“Tememos el cambio, porque no lo controlamos”


“Tememos el cambio, porque no lo controlamos” 
En este mundo en constante evolución, el cambio es el desafío más grande que nos toca enfrentar, asegura el reconocido educador británico Richard Gerver. Hay que aprender a gestionarlo y a disfrutarlo, porque las nuevas experiencias son el combustible del pensamiento creativo.

Salga, conozca gente nueva, pruebe comida diferente, viva situaciones inéditas… De las experiencias que nos resultan desconocidas se aprende, asegura Richard Gever. Por eso, debemos animarnos a salir del terreno seguro y perderle el miedo al cambio. “El mundo tiene tanto para ofrecernos ¡que no deberíamos parar de explorar!”, dice uno de los personajes más prestigiosos del ámbito de la educación a nivel internacional. Él se hizo conocido luego de transformar una mediocre escuela del Reino Unido en una de las instituciones educativas más respetadas del mundo. En esta charla, brinda las claves de El cambio, el libro que nos desafía a que todos los días nos animemos a hacer algo nuevo. 

–¿Por qué decidió escribir un libro sobre el cambio?
–Todo lo que escribo siempre viene de mis propias experiencias y reflexiones. No soy un académico o investigador; soy un apasionado de las personas, de ver el lado humano de situaciones complejas. En ocasiones, me pregunto si no sobrecomplicamos el mundo en el que vivimos y los desafíos a los que nos enfrentamos, y, así, terminamos alienándonos. El cambio es un libro sobre el desafío más grande al que debemos enfrentarnos de manera exponencial en este mundo en constante evolución. Habla de la habilidad para desarrollarnos, para cambiar. El libro se basa en mi vida y en algunas de las increíbles personas y organizaciones que he conocido. Es un intento de explorar la propia naturaleza del cambio. ¿Por qué de pequeños encontramos fácil el cambio y luego, cuando nos hacemos mayores, buscamos menos y menos el cambio? Esta obra es una progresión natural de mi primer libro, Crear hoy las escuelas de mañana, ya que partí de algunos de los conceptos genéricos que traté allí para llevarlos más allá, hacia una audiencia más amplia. 

–Usted asegura que es muy importante el cambio, pero nos sentimos muy cómodos con nuestras vidas rutinarias… ¿Vale la pena arriesgarlo?
–La razón va mucho más allá del crecimiento personal, aunque esa es una clara razón para seguir explorando, desarrollándonos y aprendiendo. Se trata, más bien, de que el mundo a nuestro alrededor está cambiando a un ritmo muchas veces aterrador. Y no solo nuestros mundos personales, sino también los profesionales. Me sorprende que en una época de libertades, muchas personas se sientan tan fuera de control respecto de sus propias vidas y, por tanto, se refugien en rutinas. Mi libro trata de cómo recuperar el sentido de control de nuestras vidas y, con ello, un sentimiento positivo sobre el cambio.

–¿Por qué nos da miedo cambiar? 
–Porque sentimos que se trata de una fuerza incontrolable. Creo que la humanidad ha alcanzado un punto de inflexión fascinante, en el que el ritmo del cambio hace que mucha gente pierda la capacidad de controlarlo. A medida que crecemos, buscamos nuestra estabilidad, comodidad y control. Nuestra educación nos enseña a hacer justamente eso. Creo que es una verdadera lástima porque el mundo tiene tanto que ofrecernos ¡que no deberíamos para de explorar!

–¿A quién deberíamos culpar por nuestra incapacidad para gestionar el cambio? 
–A la sociedad, a las escuelas... Es que casi todos nuestros sistemas y estructuras nacieron en la época industrial, el mundo de Taylor, donde el éxito se medía en términos de productividad, la que, a su vez, se incrementaba mediante la eficiencia. Nos entrenaron, condicionaron y manejaron para vivir en ese mundo. El futuro, sin embargo, es muy diferente. Como me dijo Steve Wozniak, cofundador de Apple, el éxito en el futuro dependerá de cómo eduquemos a una generación para que no necesite que la manejen.

–¿Qué se precisa para cambiar? 
–Tenemos que redescubrir nuestros deseos naturales de curiosidad, cuestionamientos, exploración e investigación. Puesto que nacemos con estas características, aprendemos mucho de muy pequeños. Pero luego nos enseñan a depender de otros para que nos digan lo que debemos hacer, lo que debemos saber y cómo debemos hacerlo. Perdemos confianza en nuestros instintos naturales, y eso es lo que debemos redescubrir. Hay suficiente libertad en la sociedad para hacerlo ¡pero debemos dejar de esperar que alguien nos dé permiso!

–El cambio no es algo nuevo, pero es exponencial y solo puede ocurrir de manera sostenible si se convierte en orgánico. ¿Podría explicarlo?
–En muchísimas situaciones –empresas, colegios, servicios públicos–, el cambio es visto como algo que debe ocurrir cada cierta cantidad de años. Entonces, cuando toca, se diseñan las políticas que permiten crear las estrategias para el cambio. En ocasiones, grandes organizaciones pagan millones de dólares a consultoras para que hagan el trabajo por ellos mientras los empleados se sientan a esperar que les digan cuándo deben cambiar, cómo deben hacerlo y cómo debe ser ese cambio. Esto da como resultado muchos escenarios reactivos y la verdad es que así nunca se consigue que una organización desarrolle su habilidad para evolucionar de forma sostenida. Para lograrlo, deberían invertir en el potencial de su gente, de todos sus empleados, y crear el clima necesario para fomentar la acción, investigación y evolución constantes. El cambio debiera ser tan imperceptible como el crecimiento diario de un niño, no algo que pasa cada cinco años. Las mejores organizaciones funcionan así y están recogiendo los frutos.

–“No aprendemos nada nuevo al hacer algo bien”. ¿Qué significa esto?
–Una de las razones por las que los niños pequeños son tan buenos para aprender es porque no se dan cuenta de que equivocarse está mal. Nos enseñan eso recién cuando empezamos la enseñanza formal, cuando todo empieza a centrarse en las pruebas, los exámenes y las notas. Nos enseñan que la lógica es la única moneda de la inteligencia, y muchas veces nos retan por hacer algo mal. Lo más triste de eso es que cuando hacés algo bien, en realidad simplemente estás probando que sabías la respuesta o conocías el proceso. Pero cuando nos equivocamos, hacemos algo mal, nos damos cuenta de que no sabemos o no somos capaces de hacer algo, es cuando verdaderamente aprendemos. Como resultado de la presión, a medida que crecemos, intentamos cada vez menos hacer cosas que no sabemos o que no controlamos. Y esto lleva a los hábitos que hacen que muchos le temamos al cambio.

–Por eso son tan importantes las experiencias nuevas…
–De nuevo, si pensamos en los niños pequeños, para ellos todo es nuevo, y son esas nuevas experiencias las que disparan la imaginación, la curiosidad y, por ende, el aprendizaje. Cuando crecemos, tenemos menos oportunidades para vivir nuevas experiencias, sobre todo en nuestra vida profesional. Así, nos volvemos menos creativos y curiosos, porque cada vez desafiamos menos nuestro pensamiento. Las nuevas experiencias son el combustible para el pensamiento creativo. 

–¿Se le ocurre un ejemplo de alguien exitoso porque no le temió al cambio?
–¡Steve Jobs!

–También cita a Pixar y a Ferran Adrià, considerado durante años el mejor chef del mundo, a modo de ejemplos de cómo abordar el cambio. ¿Qué podemos aprender de ellos?
–Ambos fueron conscientes de que, para innovar en sus respectivos campos, necesitaban estimular a su gente mediante nuevas experiencias, conociendo a nuevas personas y desafiando el status quo. Pixar creó su universidad en la que todos los empleados tienen que aprender algo nuevo de forma regular, y Ferran Adrià convoca gente de otros sectores para desafiar a sus chefs a que vean la comida desde otra óptica. Ellos ejemplificaron la importancia del networking y del desarrollo profesional fuera del campo de su propia especialidad. A menudo, nos movemos dentro de los límites que son nuestras vidas, nuestras industrias, nuestros campos conocidos.

–¿Cómo funciona nuestro mecanismo de control?
–Tendemos a precensurar lo que hacemos, a quien conocemos, lo que comemos y lo que vemos en el cine, basándonos en criterios predeterminados. Necesitamos dar pequeños pasos en otra dirección, y eso es lo que nos brindará una nueva perspectiva. La próxima vez que coma afuera, pida algo que nunca elegiría. 

–Como experto en educación, usted señala que debemos diseñar un nuevo sistema basado en el empoderamiento y no en el control. ¿Qué implica esto?
–La educación de masas se diseñó originalmente para separar a los obreros de los profesionales y oficinistas, y para sustentar la era industrial. Eso significaba que se predefinía el conocimiento, así como las habilidades y los conocimientos que se enseñaban. Les enseñamos a los niños a trabajar con ciertas respuestas cognitivas repetitivas, en ambientes muy controlados. Ahora, en el mundo es necesario el pensamiento independiente y altas capacidades interpersonales. Las rutas tradicionales hacia el éxito están desapareciendo y estamos viviendo la era de la iniciativa y del emprendimiento. 

–¿Cuáles son las claves del cambio para la educación del futuro?
–La educación debe ser apolítica. Demasiadas medidas educativas se definen por la clase política, que necesita éxitos rápidos y demostrables. Como resultado, las políticas educativas no miran más allá de cinco años y, por supuesto, no se desarrollan pensando en los intereses de los niños. El área educativa debe responder y liderar los aspectos de los que venimos hablando en esta entrevista y de los que hablo en mis dos libros. De otra manera, continuaremos educando a nuestros niños para un mundo que lisa y llanamente ya no existe. 

Las claves de El Cambio 

Explorar: Hemos nacido para aprender. Hemos venido a este mundo con una mente inquisitiva.

Renovar: El siglo XXI es la época en que la velocidad del cambio ha superado nuestra capacidad para controlarlo, algo que nos está resultando extremadamente difícil de aceptar.

Creer: Cuando provoque el cambio, puede que se equivoque, pero piense siempre que lo está haciendo por las razones adecuadas.

Cuestionar: Viva en un mundo de investigación, de acción personal: tenga una idea, medítela hasta ultimar los detalles y póngala en práctica. Luego analice los resultados.

Visualizar: La visión es realmente importante, individual y profesionalmente, para todas las personas, no solo para aquellas a las que se les paga para liderar.

Compartir: Las personas se necesitan entre sí. Por esa razón, no se puede lograr el cambio si uno quiere realizarlo solo.

Desarrollar: Para llevar a cabo el cambio, es necesario redescubrir las destrezas y herramientas que hemos olvidado.

Liderar:Nuestra capacidad de cambiar, de liderar el cambio y de apreciarlo depende totalmente de nuestra conducta y de las condiciones que esta crea a nuestro alrededor.

Elegir: Prepárese para tomar la iniciativa y busque a alguien que proporcione el empuje oportuno.

Transmitir: Si uno ha aceptado la naturaleza del cambio y ha dominado su proceso, entonces, este debe llevarse a cabo de forma imperceptible, como el crecimiento cotidiano de un niño.

–¿Y ante este escenario, qué hacemos? ¿Cómo gestionamos el cambio?
–Salga, conozca gente nueva, pruebe comida nueva, viva experiencias nuevas… Desafíese todos los días y haga algo nuevo. No necesita ser algo grande. Redescubra la manera en que pensaba cuando era niño. Continue preguntando: “¿Qué pasa si…?”, “¿Por qué…?”. Muchas veces, pensar en el cambio y lo desconocido nos da más miedo que la realidad.

Richard Gerver es maestro y alcanzó prestigio internacional cuando fue capaz de transformar la pequeña escuela Grange School, en Derbyshire, en el Reino Unido, en una de las instituciones educativas más creativas y respetadas. Por eso, fue elegido Maestro del Año en 2005. Desde entonces, es uno de los conferenciantes más populares a nivel internacional, y es asesor de varios gobiernos y de empresas como Google, Microsoft o RBS. Además del El cambio, es autor de Crear hoy las escuelas de mañana. Más info: www.richardgerver.com


Esa loca pasión



Esa loca pasión 

Descubrir nuestro motor en la vida no es tarea sencilla, pero vale la pena intentarlo. Psicólogos e investigadores aseguran que hay que conocerse bien, trabajar en las propias fortalezas y animarse a romper con los mandatos. La palabra de quienes lo lograron.

Hay personas que no dudan un segundo cuando se les pregunta cuál es su pasión. Otras, sin embargo, piensan la respuesta unos cuántos minutos o se quedan en silencio. 

Podría decirse que son los artistas quienes más tempranamente descubren ese mandato del alma. Mozart componía a los 5 años y Pablo Picasso pintó su primer óleo a los 8. Sin irnos tan lejos, en la escena local y contemporánea, el fotógrafo Aldo Sessa recuerda que a sus 10 abriles ya pintaba y sacaba fotografías. Hoy, si uno se detiene frente a sus imágenes, descubre que reflejan mucho más que el abrir y cerrar de un obturador; e inclusive mucho más que un oficio o un desmesurado talento. Allí se ven las huellas de algo más interno… de esa cosa llamada pasión. “La vocación no alcanza. Se necesita el fuego sagrado, que es más irracional. Y lo irracional te permite hacer muchas cosas, como subir a un helicóptero para hacer una foto pese a los riesgos que se corren, o trabajar desde que sale el sol hasta que aparece la luna”, reflexiona el artista, que a los 10 años ya pintaba y fotografiaba. “Mi pasión por la fotografía está intacta. Trabajo igual que a los 18 años. Sigo dispuesto a salir a caminar de noche por la calle para encontrar ‘la’ foto. Mientras el cuerpo aguante, seguiré así”, agrega Sessa

Esos son los “yeites” de la pasión: lo que toca lo transforma, lo enciende, lo engalana; pero muchas veces cuesta descubrirla. La escritora Rosa Montero lo explica de esta manera: “Es difícil saber qué desea uno para sí mismo. Te pasas la vida creyendo que quieres ser médico porque tu padre te lo ha inculcado y, quizá, querías ser zapatero. Hay que saber cuál es nuestro deseo y cuál es nuestro lugar en el mundo, que es lo mismo. La mirada de los otros como compañeros es esencial, pero no hay que rendir el propio deseo a la exigencia del otro”. 

Esto de poner el propio sueño por delante, sin dejarse influenciar, es algo que también aprendió Elena Roger, una de las actrices y cantantes que mejor supo hacer carne sus pasiones: “El éxito es ser feliz. Es correrse de lo que todos llaman éxito y vivir la vida como a uno le plazca y no como les gustaría a los demás”, sostiene.

En el ámbito del deporte, también son protagonistas las pasiones. Bien lo sabe el tenista Horacio Zeballos, que a los 6 años ya portaba su propia raqueta: “Empecé a esa edad y seguí jugando toda la infancia. Me gustaba el tenis, no pensaba: ‘Uy, quiero ganar plata con esto. Uy, quiero ganar puntos’. Jugaba por el amor al tenis. Hubo un momento en mi carrera en que eso lo perdí, y quise recuperarlo: ese goce, ese disfrute de estar dentro de la cancha y pegarle a la pelotita, como cuando era niño. Intento que eso se refleje en mi cara y en mí mismo en la mayoría de los partidos”. Además del esfuerzo por mantener ese fuego vigente, el tenista pone el foco en transformar los temores en algo positivo: “Creo que uno debe hacer frente a las dificultades. Si uno intenta ocultar el miedo, aparecen los problemas, porque el miedo, siempre va a estar, los pajaritos siempre van a estar dando vueltas arriba de la cabeza. Lo importante es que no hagan nido”. En esa misma línea, Sessa aconseja trabajar todo lo necesario para hacer realidad los proyectos: “Hay una enorme diferencia entre soñar y concretar, algo que sucede en todos los terrenos de la vida. Siempre fui un hombre de no teorizar si no es para concretar. El gran sueño hay que bajarlo a tierra. No vale de nada si no se lo ejecuta”. 
El elemento 
Ese es más que el título del libro más famoso del educador inglés Sir Ken Robinson. Es también como él llama a la pasión, a lo que conduce nuestra vida. Para él, ese “elemento” tiene dos características principales: capacidad y vocación; y depende de dos condiciones fundamentales: actitud y oportunidad. Robinson explica que para llegar a él hay que desprenderse del sentido común y de las ideas preconcebidas sobre las propias habilidades y sobre lo que debe hacerse en la vida. También propone buscar un mentor y una “tribu” que compartan la misma pasión. Con esa compañía, mucha disciplina y una actitud positiva, el objetivo debería estar mucho más cerca. ¿Cómo descubrimos que se alcanzó el “elemento”? Robinson es determinante: “No hay duda, uno entra en un metaestado en el que se pierde la noción del tiempo y se tiene la impresión de que las ideas fluyen. Se genera una sensación de armonía y de plenitud que uno no logra de otra manera”.
Nunca es tarde 
Jacquelyn Mitchard es una prestigiosa escritora norteamericana. Desde pequeña, el amor por las letras le desbordaba las manos. Pero su madre, que era quien la alentaba y le leía los clásicos junto a la cama, murió cuando ella era adolescente, y su padre, en el intento de hacerle un bien, le dijo que debía buscar un empleo serio. 

Trabajó de una y mil cosas, pero la felicidad plena solo aparecía cuando se sentaba a escribir. No fue hasta cumplidos los 40 años cuando, por obra del destino y de la perseverancia, le llegó la buena estrella: “Tenía dos trabajos de medio tiempo. Eso fue cuando mi primer esposo murió, joven todavía. Con tres hijos chicos que criar, expresé mi dolor escribiendo hasta altas horas de la noche. De eso resultó una novela que me lanzó a la carrera que siempre había soñado”, recuerda en un artículo periodístico.

Esa novela (la primera de su larga lista) es el bestseller The deep end of the ocean (El lado profundo del ar), que no solo fue uno de los primeros títulos seleccionados para entrar al club de libros de Oprah Winfrey, sino que fue llevado al cine tres años después de su publicación, en un film protagonizado por Michelle Pfeiffer. 

Sería sencillo creer que la historia de Jacquelyn Mitchard es la crónica de un éxito anunciado. La fórmula pasión + perseverancia, dicen, es infalible. Sin embargo, no siempre es fácil descubrir lo que a uno le apasiona. Y mucho menos, embarcarse en ese camino.

“Creo que todos tenemos una pasión y un propósito; el asunto es que algunas situaciones hacen que no los podamos hallar”, introduce Mariana Álvez Guerra, psicóloga uruguaya, especializada en Psicología Positiva y creadora del programa de radio El club de los optimistas. “Usualmente tenemos una tendencia a ciertas aficiones o talentos, pero, al no explotarlos, van perdiendo fuerza. Debemos identificar nuestras fortalezas y utilizarlas en nuestro beneficio”, agrega. 


Para lograrlo, el escritor norteamericano Mathew Kelly, director de una fundación que ayuda a las personas a descubrir sus motivaciones, propone hacerse una serie de preguntas: “Si pudieras hacer algo, ¿qué harías? ¿Estás dispuesto a hacer algún sacrificio? ¿Estás dispuesto a renunciar al dinero y a la posición social, vivir en una casa más pequeña, o tener menos tiempo libre para dedicarlo a formarte y estudiar?”. A partir de allí, sugiere hacer una lista para exteriorizar los gustos y llevarlos al plano consciente, para luego poder hacer un seguimiento de cada uno de ellos. 

Daniel Pink, escritor norteamericano, especializado en motivación y creatividad empresarial, también propone buscar las respuestas dentro de uno mismo: “Lo que verdaderamente impulsa a una persona a dar lo mejor de sus capacidades son los motivadores intrínsecos”. En su libro La sorprendente verdad sobre qué nos motiva, explica además que todas las motivaciones externas, como la búsqueda de aprobación o de dinero, no conducen nunca por el buen camino. 

A la vez, es importante diferenciar las pasiones de las obsesiones, ya que estas últimas nunca llevan por el buen camino. Robert Vallerand, psicólogo e investigador canadiense, lo define de la siguiente manera: “La pasión puede ser armoniosa u obsesiva. La armoniosa, caracterizada por la persistencia autónoma y flexible, conduce a resultados de crecimiento. La obsesiva, en cambio, está vinculada a la búsqueda de aprobación o de cierto estatus y puede volverse inmanejable, provocar ansiedad y atentar contra la autoestima”. 
Una emoción intelectualizada 
Ya en 1907, en el Ensayo de las pasiones, se hablaba de la fórmula para descubrir lo que a uno realmente lo motiva. Para hacerlo, el psicólogo francés Théodule Armand Ribot proponía diferenciar las pasiones de las emociones: “La emoción es la reacción repentina, brusca, de nuestros instintos. No va acompañada sino de un escaso grado de inteligencia. Se define por dos caracteres principales: la intensidad y la brevedad. La pasión tiene otros caracteres. Es una emoción prolongada e intelectualizada, siendo obra del pensamiento, de la reflexión aplicada a nuestros instintos y a nuestras tendencias”. 
Pasión por la vida 
“Muchas de las mujeres más felices que conozco han descubierto que el trabajo que más las apasiona es cuidar del hogar y los hijos. Hay muchas personas que se han retirado y que son cooperantes en una organización benéfica y sienten más entusiasmo del que han sentido jamás”, cuenta Kelly, en su libro Sé tú mismo, y agrega: “El voluntariado es cada vez más atractivo para las personas que buscan un trabajo que tenga sentido y al que puedan entregarse con pasión”. 

Álvez Guerra coincide: “Formar parte de algo más grande que nosotros, como una causa humanitaria, puede aportar muchísimo a nuestra felicidad”. Es que el mundo profesional no es el único ámbito en donde canalizar lo que a uno más le gusta: “Podemos sentir pasión por nuestra vida, en general. Eso hará que demos lo mejor de nosotros en todo lo que nos propongamos. Vamos a cuidar a nuestros vínculos, a vivir emociones positivas, a disfrutar momentos de ocio y a ir tras nuestras metas con fuerza”, agrega la especialista, a la vez que recuerda que esto de las pasiones no es, necesariamente, algo inherente a la modernidad: “Si nos fijamos en la historia, descubrimos que los grandes genios fueron personas apasionadas. La búsqueda del entusiasmo estuvo siempre; quizás ahora simplemente esté más mediatizada. Debemos aprovechar que hoy existen más herramientas para darnos una mano en este proceso de bienestar”.

“Todas las pasiones son buenas mientras uno es dueño de ellas, y todas son malas cuando nos esclavizan”. Jean Jacques Rosseau
Tutelar pasiones 
El artículo donde Jacquelyn Mitchard cuenta su historia tiene un porqué: invitar a los padres a ayudar a sus hijos a descubrir sus pasiones. 

“Le estoy eternamente agradecida a mi madre por haberme animado a seguir mi plan A. Mientras mis hijos consideran sus opciones de vida, yo les doy mi mejor consejo: arriésguenlo todo. Los planes B, C, D y E siempre van a estar ahí”, escribe. Es que, por obra de las casualidades o las causalidades, tres de sus hijos eligieron caminos poco tradicionales. 
“Mis amigos creen que estoy loca. Les han aconsejado a sus hijos buscar una actividad en la que piensen que les irá bien, aunque no les guste. Yo prefiero que vuelen alto a que se rindan. El miedo no conduce a ninguna parte; el entusiasmo puede llevarnos a todos lados”, agrega. 

Con un padre que motiva y que no presiona en dirección contraria, ya hay un gran punto a favor. Sin embargo, aquí se hace presente otro de los avatares de las pasiones: no todos los adolescentes saben hacia dónde quieren enfocar el camino.

“A veces, es complicado decidir a esa edad qué se quiere hacer por el resto de la vida. Una manera de ayudarlos es identificar con ellos para qué actividades han demostrado tener facilidad. Hay estudios que dicen que no hay que forzar a los hijos a dedicar tiempo a aquello que realmente no les gusta o en lo que tienen dificultades”, detalla Álvez Guerra, y concluye: “Tenemos que reconocer, respetar y trabajar aquello que los caracteriza y les agrada, porque es ahí donde residen sus fortalezas. Seguramente, sea ese el terreno más fértil para cultivar una hermosa pasión que los acompañe por el resto de sus vidas”.
Apasionados
El mundo artístico es uno de los más fértiles para desarrollar las pasiones. Es usual escuchar a actores, cantantes, pintores o bailarines hablando de cómo descubrieron su vocación. 

“Era un chico de 16 años cuando descubrí esta pasión por actuar”, relató una vez Juan Leyrado. “A esa edad me empecé a dar cuenta de que el tiempo del juego se estaba terminando y que tenía que elegir algo para hacer. El tema era dónde poner mi sensibilidad y cómo ampliarla. Tuve la suerte de cruzarme con un grupo de teatro muy familiar. Desde entonces no paré, me convertí en un bicho de teatro. Tuve maestros de primera y seguí confiando siempre en mi intuición”. 

He aquí otra de las claves: los maestros. Muchas personas descubren su pasión a través de la admiración por otra persona, como le sucedió a Abel Pintos, quien a sus 6 años escuchó por primera vez un disco de Mercedes Sosa que lo hizo saber que sería cantante: “Fue escucharlo y quedarme paralizado. Todavía me acuerdo de la sensación que tuve en el cuerpo al escuchar su voz… algo me abrazó fuerte y no le di bolilla a nada más”. Ya de adolescente, comenzando su carrera, muchos decían que en su voz había huellas de su amor por ‘La negra’: “Lo que pasa es que, para mí, la única manera correcta de cantar era la de Mercedes. Y así como los guitarristas empiezan a tocar sacando solos de George Harrison, aprendí a cantar sacando su voz, su cadencia”. 

Otro grande que, al igual que Mercedes Sosa, hoy es ejemplo de muchos es Pedro Aznar. Él también era niño cuando descubrió lo que le corría por las venas. Cuando apenas caminaba, ya golpeaba ollas simulando sonidos; fue así como moldeó su pasión por la música, esa que se le hizo “hambre del alma”, como él la define. Hoy, como desde el primer día, su mayor placer se da cuando sube al escenario: “Aunque la atmósfera que allí se genera aún me provoca nervios, zambullirse es una delicia y uno comprueba por qué elige pasar esa ansiedad inicial. Cuando la música ‘ocurre’, emerge el placer mayúsculo”.

¡Niños Sin Día!


Trabajo infantil

Más de un millón de chicos en el país realizan actividades económicas o domésticas intensivas, lo que se traduce en ausentismo y deserción. El rol del colegio es fundamental.
En Argentina hay más de 1 millón de chicos que trabajan. La cifra es del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, que adelantó en exclusiva a Clarín Educación nuevos datos según los cuales en el país trabaja el 14,7% de los chicos de entre 5 y 17 años. Son niños y adolescentes forzados a convertirse en adultos, y más expuestos a quedar fuera del sistema: tienen 3 veces más probabilidades de abandonar la escuela.

“Estos chicos tienen, en promedio, dos años menos de escolaridad. Y cuando son adultos, su salario es un 20% menor”, explica Soledad Gómez, de Conciencia, una ONG que trabaja sobre este tema para evitar la deserción escolar. Un chico que trabaja no tiene tiempo libre: aunque vaya a la escuela, no puede hacer la tarea y está siempre cansado. Eso se traduce en bajo rendimiento y, a la larga, en abandono. Así, el trabajo infantil perpetúa el círculo de la pobreza.

La Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (CONAETI) considera trabajo infantil a “toda actividad o estrategia de supervivencia, remunerada o no, realizada por niños y niñas que no tienen la edad mínima de admisión al trabajo, o que no han finalizado la escolaridad obligatoria”. En Argentina, la ley 26.390 prohíbe que trabajen los menores de 16 años. En abril de 2013 se promulgó además otra ley, la 26.847, que penaliza con prisión de uno a cuatro años la utilización de mano de obra infantil. Con esta nueva norma, por primera vez el trabajo infantil quedó tipificado como delito y puede ser castigado con la cárcel.

El impacto del fenómeno varía según la edad: entre los chicos de 5 a 13 años afecta al 8,11%, pero entre los adolescentes de 14 a 17 el porcentaje asciende al 28,03%. Ellos duplican las tasas de ausentismo y repetición de sus compañeros que no trabajan. Entre las tareas más frecuentes hay actividades económicas (ayudar en un negocio familiar, hacer trámites o trabajos en la vía pública), pero también actividades domésticas intensivas (como atender la casa, hacer la comida o cuidar a los hermanos más chicos). En este caso, el mayor peso suele recaer sobre las mujeres. “Cuando las madres están insertas laboralmente, pueden ser las niñas las que las reemplazan en el cuidado de hermanos pequeños u otros miembros del hogar enfermos o mayores, dedicándose a la limpieza, la cocina y el lavado de ropa”, describe Ennio Cufino, de UNICEF Argentina.

Una de las mayores dificultades para erradicarlo es que el trabajo infantil suele ser “invisible”: se naturaliza, se vuelve cotidiano. Así lo explica Liliana Litterio, abogada especialista en el tema: “Esto ocurre entre las familias rurales o las que ejecutan oficios. Como piensan que el trabajo desde pequeños forma adecuadamente a los niños y les asegura un futuro, valoran más el aprendizaje laboral que el que pueden recibir en la escuela. Los casos altamente visibles, como la venta ambulante, el cuidado de autos o la recolección de cartones, forman parte del paisaje cotidiano y gran parte de la población se ha habituado a convivir con ellos, a tal punto que no los registra”.

Ante la mirada indiferente de la mayoría, el trabajo infantil lesiona los derechos de los chicos a la educación, a la salud, a la recreación y al juego. Los más afectados son los chicos de hogares pobres: si bien puede haber un componente cultural detrás del problema –por ejemplo, los casos de padres que han trabajado desde niños y no reconocen el valor de la escuela para sus hijos– la principal causa es económica: cuando los adultos no tienen un trabajo digno, los chicos salen a conseguir más ingresos para sus familias.

La escuela tiene un rol crucial en la detección y acompañamiento del problema: “El maestro normalmente advierte cuando la causa de que un alumno se queda dormido en clase es el trabajo. En estos casos, debe prestarle especial atención a ese niño e intervenir. Esto supone el contacto con la familia para conocer sus necesidades, con un servicio médico para que controle la salud del niño y con trabajadores sociales”, sugiere Litterio. Los especialistas recomiendan que, cuando docentes o directivos advierten un caso de trabajo infantil, se acerquen a los organismos locales de protección de la niñez. Y subrayan que en ningún caso se debe culpabilizar a los padres, sino articular esfuerzos para que el problema se haga visible y los chicos puedan ejercer los derechos que el trabajo les arranca.

En Conciencia abordan el problema trabajando con todos los actores involucrados: los chicos, sus padres y la escuela. A los chicos les dan apoyo escolar y psicopedagógico para mantenerlos en la escuela: en el 95% de los casos, lo consiguen. Y en un 47% logran que los chicos reduzcan las horas de trabajo, que es el paso previo a la erradicación. “A los adultos les ofrecemos capacitación en oficios, como peluquería, albañilería o carpintería, además de informarlos sobre sus derechos y los de sus hijos”, cuenta Soledad Gómez, y agrega que sería fundamental que las familias cuenten con una “mayor disponibilidad de jardines de infantes, para que los padres no se tengan que llevar a sus hijos al trabajo”. Una iniciativa pionera en este sentido son los jardines de cosecha, que Conciencia empezó a implementar en 2009 en Salta y Jujuy, en la cosecha del tabaco.

Cufino añade: “La extensión de la jornada en escuelas de poblaciones más vulnerables y la ampliación de la cantidad de escuelas con espacios de cuidado infantil son claves, junto con más políticas para la permanencia de los chicos en las escuelas, y la promoción de centros de desarrollo infantil para niños de hasta 4 años”.


Para Ianina Tuñón, investigadora del Observatorio de la Deuda, si bien la Asignación Universal por Hijo, la obligatoriedad de la escuela secundaria y la expansión de la jornada extendida han sido medidas fundamentales, la clave para resolver este problema es la generación de empleos de calidad, que permitan sustituir los ingresos que llevan los chicos a sus casas, de los que dependen tantas familias para subsistir: “La economía informal se nutre de los adolescentes. En el marco de empleos de calidad, el trabajo infantil no tiene lugar”.

"El valor de la palabra dada"


Que importante es respetar y mantener la palabra dada, más cuando nadie no obliga a ello, sin embargo, sabemos, que una vez que la damos hay que cumplir con lo que ella involucra.

En la medida que nos interrelacionamos, cualquiera sea el rol que desempeñamos, debemos ser fiel a la palabra, lo que ella encierra.

Cuando prometemos algo, nos comprometemos en cumplir, debemos determinar  lo que ello encierra, puesto que desde ese momento estamos obligados a que sea una realidad, esta en juego nuestra conducta, personalidad, confianza, respeto, credibilidad.

Es por eso, que antes de dar la palabra determinemos su alcance, repercusiones, lo que ello encierra, lo que se está en juego, a través de ella nos damos a conocer, a que se tenga un buen juicio de nuestra seriedad, que se nos crea, de lo contrario nunca se nos considerara como personas que cumplen lo que promete.

Al respecto nos comenta paginaabierta.com que a través de la palabra y de nuestros actos, revelamos si somos íntegros o no. La seriedad, honestidad y responsabilidad con lo que decimos y hacemos refleja nuestra Integridad

El incumplimiento de la palabra es un acto de violencia, la desconsideración, la deshonestidad, no hacer lo que se dice, la impuntualidad, incumplir los acuerdos, son actos hostiles, que resultan una burla y una falta de respeto hacia los demás, que comprometen nuestra seriedad e integridad personal, y además fomentan el conflicto y la discordia.
A todos nos tranquiliza y nos hace sentir confiados, estar ó relacionarse con alguien que hace lo que dice, que está comprometido con su palabra y la honra cumpliéndola, alguien que cumple lo que dice que hará, sea lo que sea, y en caso de que realmente no vaya a poder hacerlo, lo comunica con tiempo y se disculpa por su incumplimiento. Cuando alguien actúa así, transmite seguridad y confianza, factores clave para una relación sana en cualquier ámbito. La práctica de la Integridad es el gran promotor de la armonía, la claridad, la unión y la honra, hacia nosotros mismos y hacia los demás, por otro lado, siempre hallaremos la falta de integridad en la raíz del conflicto, los inconvenientes y la discordia en nuestras relaciones, incluyendo la relación que tenemos con nosotros mismos.

Por su parte, carmenlobo.blogcindario.com nos relata, que la palabra es la expresión cumplida de lo que somos. Es el único patrimonio que nos queda cuando no nos queda nada. 
Es la forma en que nos definimos y en la que nos entienden. 
Respetarla es respetarnos; desecharla es creer que no ser nada es mejor que ser lo que somos; es aborrecernos. 
De algunos es entendible. 
La palabra no permite matices, no quiere dobleces de sí misma, es pura, pero no puritana, 
es  real, pero no entiende de superficialidades, es inmortal, es invencible,  pues perdura más allá de nuestros días, aunque a muchos les duela, que aunque no esté escrita, nos quede en la memoria. 
Quien no tiene la palabra no la entiende, ni la ama, ni tan siquiera la necesita. 
Vive inmerso en su vacío, en sus frases marchitas, en sus sonidos huecos, en sus vocablos deshechos. 
Quien reniega de ella lo hace porque la teme,  porque la cree innecesaria. La tomaría si no fuera porque desconocerla lo aterroriza y por no dominarla, no poder vencerla en una lucha entre verdades, 
mentiras, y verdades a medias, ganaría siempre la palabra. 
Verdad sin excusas. La palabra nos une nos hace entendible el mundo, expresables los pensamientos, los sentimientos los hace artes, y comprensible las gentes.

En conclusión, debemos estar muy atento como manejamos nuestra palabra, que tanto nos respetamos y respetamos a los demàs, no prometamos nada  sin saber si realmente podemos cumplir, consideremos una vez más, que nadie nos obliga, es nuestro libre albedrio que lo hace. Tengamos en cuenta lo que nos dice Lina Cristiano, que las palabras de las personas no siempre están sustentadas por hechos, a veces demuestran que lo que dicen son sólo palabras.....", y en ese caso, no sabrás si creer ó no en ellos, no son confiables, carecen de credibilidad, no son íntegros, sin embargo, remítete a los hechos, mira su vida, mira lo que hace consigo mismo y con los demás, mira como se conducen, eso es lo que finalmente revelará la auténtica Verdad.

Fuente: La Coctelera

Gestión del optimismo: María del Carmen Abraham at TEDxUTN

 

María del Carmen Abraham es MBA con especialidad en Negocios Internacionales. Socia Directora de MASS Negocios y owner, consultora, formadora, coach y conferencista internacional en MSR Consulting Group. Es profesora universitaria y en escuelas de negocio y tiene más de 20 años de experiencia en diseñar y conducir procesos de desarrollo y cambio en empresas y organizaciones de primer nivel internacional.

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Fuente: http://www.youtube.com/watch?v=X1OXs6onOpg

En busca de un nuevo paradigma para la educación: Federico Pacheco



Federico es especialista en seguridad de la información, orientado a la consultoría, investigación y educación, y ha prestado servicios tanto a empresas privadas como al gobierno nacional. Cuenta con más de 10 años de experiencia docente en distintos niveles de enseñanza, y forma parte de la cátedra de "Seguridad Informática" en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Además participa periódicamente como expositor en conferencias en Argentina y otros países, en temas de seguridad, tecnología, software libre, y educación. Actualmente es Director de Membresías de ISSA Argentina y colaborador en varias ONGs. También es embajador local de la red de negocios europea XING y miembro de la organización internacional IEEE. Es autor de los libros "Ethical Hacking" y "Hackers al descubierto" y ha publicado decenas de artículos en revistas nacionales e internacionales y en sitios web especializados. Además ha generado gran cantidad de material educativo para diferentes instituciones y para la comunidad en general. Adicionalmente, posee la prestigiosa certificación de seguridad CISSP y trabaja como responsable de educación de la consultora de seguridad SIClabs.

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Fuente: http://www.youtube.com/watch?v=hMvNtrN4U8s

Axel Rivas - Dos caminos hacia la justicia educativa.



Axel Rivas es un defensor de la educación pública como vehículo de justicia social y desde hace 15 años trabaja para reducir las inmensas desigualdades educativas en América Latina y en el federalismo argentino. Desde 2002 es Director del Programa de Educación de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento), una organización sin fines de lucro dedicada a mejorar el funcionamiento del Estado.

Está a punto de doctorarse en Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires (UBA), luego de pasar un año en el Instituto de Educación de la Universidad de Londres. Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación de la UBA y Máster en Ciencias Sociales y Educación de FLACSO-Argentina.

Es profesor de materias de política educativa en las Universidades de San Andrés, Di Tella, FLACSO, Alberto Hurtado de Chile y Pedagógica de la Provincia de Buenos Aires y desde hace más de 10 años es docente de Sociología de la Educación en la UBA.

Publicó seis libros y decenas de artículos sobre política comparada de la educación. Ganó el Concurso Anual de la Academia Nacional de Educación 2009, entre otros premios por su trayectoria en la investigación educativa.

Coordinó diversas iniciativas de investigación, monitoreo y asistencia técnica para la mejora educativa en la mayoría de las provincias argentinas. Una muestra de su trabajo cotidiano puede verse en el blog Nexos, que resume un proyecto de más de cinco años para transformar la política educativa en pos de la justicia distributiva: www.nexos.cippec.org/blog


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http://www.tedxriodelaplata.org/

Fuente: http://www.youtube.com/watch?v=djUia--bJwk

¿Por qué las botellas de vino son de 750ml?


Muchas teorías explican por qué la botella de vino es de 3/4. Desde problemas impositivos al tamaño de los pulmones del soplador de botellas, a continuación el origen de la botella de 750. 

Pensá rápido ¿por qué una botella de vino no tiene un litro entero? ¿por qué es 3/4? ¿por qué no hay botellas de medio litro? ¿llegaste a alguna conclusión? Lo que sea que hayas pensado estás equivocado ya que nadie sabe a ciencia cierta cómo se llegó al uso universal sobre la botella de 750ml. A continuación un poco de historia y algunas de las teorías más curiosas al respecto. 

Convención internacional del 750 

La botella de 3/4 fue, como todo lo que incumbe pesos y medidas, un problema de estandarización del comercio internacional y de cómo los estados cobraban impuestos aduaneros. Es fácil de imaginar: los anglosajones usaban un sistema de onzas y fracciones; franceses y alemanes, el métrico decimal de litros; y al momento de tasar, hacía falta una tabla para cada bebida según su origen porque los envases no coincidían. 

Hasta que los países industriales de Europa, primero, a los que luego se sumarían Estados Unidos y Canadá y el resto del mundo, se pusieron de acuerdo hacia la década de 1970 en que el formato universal de envasado del vino sería 750ml. 

Hasta ese momento, las botellas más usadas iban de 700 a 800ml, con abundantes modelos de 730ml. Estos tamaños son aproximaciones al "quinto de galón", que era la medida más usada en el sistema inglés, cuna de la botella industrial de vidrio. Incluso en nuestro país, hasta hace poco tiempo atrás se podían ver algunas botellas de 700ml en vinos baratos. 

El pulmón, la medida universal 

El vidrio, hasta su industrialización durante el Siglo XVIII, fue tarea de artesanos. Construir una botella con calidad y buen material era un trabajo preciso que realizaban sopladores profesionales. Según varios estudios, el volumen promedio que puede desalojar el pulmón humano, mientras realiza esta tarea en forma sostenida -el famoso "soplar y hacer botella"-, va de los 700 a los 800ml de aire, de forma que los recipientes que se construían con cierta velocidad, tenía que forzosamente alcanzar esos volúmenes. El límite racional, esta vez, lo puso el cuerpo y la medida se ancló en las fracciones. 

Pero hay quienes dudan de este hecho y abonan otras teorías. 

Arqueólogos al rescate 

Los romanos no usaban el vidrio como envase. Sin embargo, la arqueología se ha puesto de acuerdo sobre su sistema de pesos y medidas como para poder estudiar los consumos de la época. Los seguidores del César, en su tiempo, usaban entre otras muchas medidas de volumen el acetabalum. Y según los estudiosos un acetabalum romano redondea los 700 ml, que, dicho sea de paso, era una ración diaria de consumo de vino diluido, como era costumbre entonces. 

El litro: la medida de la decadencia 

¿Y cómo es que los europeos, tan racionales, no estandarizaron la medida de un litro para el vino? Se trataría de un problema de uso. Un poco porque las botellas se fabricaban de 700 u 800ml, y otro poco porque la cantidad de alcohol que había en un litro de vino excedía el consumo personal. Hay que pensar que los vinos de antes con suerte llegaban a los 11 grados de alcohol y los 750 de entonces eran como beber media botella hoy. Con todo, habían botellas de 1 litro, para vinos muy baratos, hasta que en la década del '70 cayeron en desgracia. Al parecer el litro quedó asociado a la mala calidad. 

En todo caso está claro que la 3/4 es hoy la unidad de consumo, y está muy adaptada a la cantidad de vino que ingiere una pareja adulta. Pero trae dolores de cabeza a la hora de los grandes cómputos. Un solo ejemplo: dentro de las bodegas todo se mide en litros -desde unidades de capacidad de tanques a las de bombeo- pero al momento de envasar hay que recalcular todo en 3/4. Como si fuera poco, una caja de 12 botellas -la que se ha estandarizado internacionalmente para exportaciones- suma... 9 litros. Otro número raro, que no termina de explicar, claro, por qué se estandarizó el uso de la botella de 750. 

Fuente: Joaquín Hidalgo - Planeta Joy.






Historia de las Galletitas.


Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren en el que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo. Buscó un banco en el andén central y se sentó preparada para la espera.

Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. Imprevistamente, la señora observó como aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.

La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada había pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos.

Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió. La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho. El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta.

La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba la última galleta. “-No podrá ser tan descarado”, pensó mientras miraba  alternativamente al joven y al paquete de galletas. Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco. ¡Gracias! – dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad. De nada – contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.

Entonces el tren anunció su partida…

La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en el anden y pensó: “¡Que insolente, que mal educado, que ser de nuestro  mundo!”. Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas intacto.

Cuantas veces nuestros prejuicios, nuestras decisiones apresuradas nos hacen valorar erróneamente a las personas y cometer las peores equivocaciones. Cuántas veces la desconfianza, ya instalada en nosotros, hace que juzguemos, injustamente, a personas y situaciones, y sin tener aun por qué, las encasillamos en ideas preconcebidas, muchas veces tan alejadas de la realidad que se presenta. 

Así, por no utilizar nuestra capacidad de autocrítica y de observación, perdemos la gracia natural de compartir y enfrentar  situaciones, haciendo crecer en nosotros la desconfianza y la preocupación. Nos inquietamos por acontecimientos que no son reales, que quizás nunca lleguemos a contemplar, y nos atormentamos con problemas que tal vez nunca ocurrirán.

Dice un viejo proverbio… PELEANDO, JUZGANDO ANTES DE TIEMPO Y ALTERÁNDOSE NO SE CONSIGUE JAMÁS LO SUFICIENTE, PERO SIENDO JUSTO, CEDIENDO Y OBSERVANDO A LOS DEMÁS CON UNA SIMPLE CUOTA DE SERENIDAD, SE CONSIGUE MÁS DE LO QUE SE ESPERA.

Anónimo.