“Epopeya de CINCO ARGENTINOS”

 Un gran sueño.

Hace 25 años, la expedición Atlantis demostró el poder de la voluntad,disciplina, actitud, perseverancia. 
Alfredo Barragán, su impulsor, asegura que es necesario reafirmar el lema de sus integrantes: 


"QUE EL HOMBRE SEPA QUE EL HOMBRE PUEDE"



Alfredo Barragán es el explorador argentino más prolífico. Héroe del Atlantis, conquistó el Aconcagua y el Kilimanjaro, cruzó los Andes en globo, buceó en la Antártida , atravesó el Mar de las Antillas en kayak y la única navegación completa del río Colorado.". Ahora recorre el mundo ofreciendo charlas en las que motiva al hombre común a lograr las grandes metas.



Tenía tres deseos. Tres deseos que eran uno: quería ser, algún día, un señor de barba que fume en pipa y cruce el mar.

Era un chiquito de cuatro años que había sido deslumbrado por la historia de Kon-Tiki , el libro que contaba cómo el noruego Thor Heyerdahl se le había atrevido al océano Pacífico con su balsa de madera. Y ya sabía que quería ser un señor de barba que fumara pipa y cruzara el mar.

Lo disparaba con voz aguda y clara cada vez que un adulto intentaba esos diálogos que los adultos intentan con los niños: "¿Qué vas a ser cuando seas grande?". "Un señor de barba que fume en pipa y cruce el mar".

A fuerza de empecinamiento, los tres deseos le fueron concedidos.

Alfredo Barragán es hoy un hombre de 62años. Hace 46 que fuma en pipa, 38 que usa barba y 27 que cruzó el mar. 

La expedición se llamó Atlantis y fue la epopeya de cinco argentinos (Alfredo Barragán, Jorge Iriberri, Horacio Giaccaglia, Daniel Sánchez Magariños y Félix Arrieta) que la mañana del 22 de mayo de 1984 partieron del puerto de Santa Cruz de Tenerife, en las islas Canarias, haciendo equilibrio sobre una balsa de 13,6 metros de eslora por 5,8 metros de manga, construida con troncos, sin timón y sólo con una vela, para volver a aparecer 52 días después (3200 millas náuticas, unos 5000 kilómetros) en el puerto de La Guaira, Venezuela.

El objetivo, una idea original del porfiado Barragán: probar que 3500 años antes de Cristóbal Colón navegantes africanos pudieron haber llegado a las costas de América conducidos por las corrientes marinas.

Veintisiete años después, el Capitán, como lo llaman los que lo quieren, o el Petiso de Dolores, como le dicen quienes lo adoran, se encuentra con LNR en un café con ventanales desmesurados por los que entra, desmesurada también, la imagen del Obelisco porteño. El mismo Obelisco que vio, durante un par de destemplados días de lluvia de 1984, cómo los argentinos desfilaban azorados frente a ese amasijo de maderas, sogas y bambú con el que este señor de barba que fuma en pipa se había lanzado al mar. La gesta había tomado relevancia mundial y sus cinco integrantes habían pasado de harapientos aventureros ignorados por todos a ilustres representantes del tesón patrio. La insólita balsa Atlantis se había expuesto a los pies del Obelisco para que, como rezaba el lema de sus integrantes, "el hombre sepa que el hombre puede".


-¿Se anima a describir lo que fue Atlantis con una palabra?
-(Piensa) Es un sueño... de toda la vida.


-Un sueño cumplido.


-Sigue siendo un sueño, nos sigue sorprendiendo, es mucho más grande que nosotros... Atlantis es perfecta, es una obra maestra, fruto de un amor infinito de los que la hicieron, que, en una actitud de artistas, elaboraron la expedición más bonita que se pueda soñar.


-¿Cuál fue el momento de mayor plenitud de la expedición?
-Cuando partió la balsa. También fue el momento más difícil. Porque yo sabía que si ponía la balsa en el agua llegaba a América. Si yo tiraba una silla en Africa llegaba a América. Pero para llegar a poner la balsa en el agua tuvieron que pasar cuatro años. Cuatro años de trabajo.


-¿Qué críticas tenían en ese momento?
-Nos decían que era imposible. Que estábamos locos. Que nos íbamos a ahogar. Que la balsa era precaria. Que iba a chupar agua. Que se iban a pudrir las cuerdas. Que se iba a hundir. De todo, sin fundamentos.


-Y usted...
-Yo estaba convencido. Para mí, Atlantis era evidente. Era clara. Y no porque yo fuera un iluminado. YO ERA UN INFORMADO. Y el resto no. La mayoría eran presos del escepticismo y pensaban: algún curro tienen; o quieren salir en los diarios. Otros pocos, en un acto de fe, nos creían. Entonces me di cuenta de que Atlantis no era un desafío al mar. Era un desafío al hombre, que desafiaba al escepticismo.


Alfredo Barragán tiene hoy el rostro que seguramente imaginaba cuando tenía cuatro años y leía las aventuras de Kon-Tiki. Y no le hacen falta ni la pipa ni la gorra para parecer un capitán de cuento. Tiene una cara protagónica, de pómulos y frente ajados como huella indeleble después de tanto sol y aire de mar. Sus ojos turquesa los clava fijos en el interlocutor cuando habla. Los usa para convencer. Habla con firmeza, con tono campechano y palabras llenas de intención. Suele preguntarse y responderse él mismo, actuando diálogos con cierta teatralidad.


No hay errores de coordenadas ni naufragio posible en lo que el Capitán quiere transmitir.


-Hay cosas que no me gusta verme hacer. Las cosas que a todos nos deberían dar vergüenza. Todo lo que sea inmoral, egoísta, violento, intolerante. Las cosas que tenemos los humanos, que las tengo. Cuando me encuentro en eso no me gusto. Tengo en claro que no hay nada material que me seduzca. Y si tengo que elegir entre algo que produce dinero y algo que produce satisfacción espiritual, hago lo último. Por eso me resulta fácil rechazar los sponsors para las expediciones. Antes de la balsa me ofrecieron 240 mil dólares para poner un logo en el bolsillo de las remeras de los cinco que viajamos. Y en este mismo café les dije: "No, no voy a hacer publicidad. Voy a llevar la Bandera argentina como único emblema..." Porque me juego la vida y el prestigio. Después me ofrecieron ser la cara de la campaña mundial de la marca de lentes de contacto que uso, y nos llamaron para ser las caras de una marca top de relojes por un año. También dijimos que no. Porque si yo acepto es como estar vendiendo Atlantis... y Atlantis no se vende. Es mi mamá, es mi novia.


-¿Se embarcó en deudas por Atlantis?
-Hemos tenido deudas que terminamos de pagar hace tres años. Estuve durante 22 años con hipotecas y pagando intereses de deudas de Atlantis; no acepté acuerdos comerciales por una cuestión de honestidad, de coherencia; de respeto a los que apoyaron una balsa pura y de respeto a mí mismo. Si algo tengo en claro es que si no hay un interés económico las cosas son más bonitas.

“El que nunca abandona siempre llega”

Cada vez que Barragán expone su discurso en un auditorio, reflexiona sobre cómo hace el hombre común para atreverse a lo extraordinario, a lo no usual, a las grandes metas. “Yo quiero morirme siendo el Petiso Barragán que vive en Dolores. Tanto la Asociación Europea de Expediciones como la empresa Disney me propusieron radicarme en París y en Hollywood para filmar una película por año. ¡Ni loco! Para mí, la verdad reside en la pequeña comunidad, en el barrio, en la familia, en los amigos”, sentencia Barragán.

—A menudo, se cree que las grandes empresas son exclusividad de los superhéroes.
—Los superhéroes son de fantasía. Lo que existe es el hombre común que se supera, que tiene la actitud y la disposición para el esfuerzo. Eso es lo que marca la diferencia. Es importante no perder la capacidad de soñar, aunque no basta sólo con eso porque, sino, vivimos comparando lo que imaginamos con lo cotidiano que no nos satisface. Al soñar le debe seguir la decisión, la osadía. Lo que yo llamo “entrar a la cancha”. Descubrimos que existe “algo” que enaltecerá nuestra vida, pero el problema surge cuando calificamos a ese “algo” de imposible. ¿Por qué? Por temor al riesgo, por pereza o por no tener confianza en nosotros mismos. Solemos decirnos: “Soy capaz, pero no tengo ganas, es mucho lío”. No. Hay que disputar los partidos. Sólo obtienen logros los que entran a la cancha sistemáticamente. No triunfan aquellos que no presentan pelea, los que entregan los puntos sin luchar. Por supuesto que le resultará más fácil a aquel que nazca con talento, pero el que carezca de él, no tiene excusa, porque nada le impide adquirir la capacidad, la información, las técnicas y la experiencia; todas cosas que te transforman en alguien muy capaz. Conozco cantidad de talentosos que fracasan por ser holgazanes, pero no conozco a ningún perseverante fracasado. El que nunca abandona siempre llega. Es así de simple.

—Cualquiera podría acusarlo de enumerar obviedades…
—¿Son obviedades? ¿Y por qué nos las olvidamos con tanta frecuencia? También es obvio aquello de que el hombre es el arquitecto de su propio destino. ¿Y por trillado que sea el dicho lo vamos a guardar en un cajón? Yo agrego: el hombre es el arquitecto y el albañil de su propio destino. El arquitecto es el que planifica, el que proyecta la persona que quiere ser. El albañil es el que, diariamente, coloca los ladrillos para construir esa persona que quiere ser. ¿Cuáles son los ladrillos? Cada elección, cada decisión. Quien no tenga en claro sus ideas, principios y valores, no sabrá por qué opción inclinarse. Aquel que sepa qué le parece bien y qué mal, a quién le gustaría parecerse y a quién no, disfrutará de la construcción de sí mismo. Hay que animarse a vivir como artista, aunque no lo seamos. Hay que tratar de que nuestro andar por la vida sea una pincelada colorida, feliz y útil si es posible. Si la vida fuese una película, cada uno debería elegir qué personaje quiere ser: el héroe, el cobarde, el generoso, el mezquino, el abandonado, el elegante o el grosero. En la habitualidad, uno se transforma en ese personaje, que será bueno o malo de acuerdo con nuestras convicciones. Nadie puede mover un dedo para impedírnoslo. Ahora, cuando ni siquiera sabemos quién queremos ser… ese es otro cantar...


—Barragán, ¿no hay sueños imposibles?
—En absoluto. Hay cosas dificilísimas, pero imposibles, no. Hace 40 años que persigo y cumplo mis sueños. Calificar a algo de “imposible” es la excusa perfecta para hacer la plancha y no comprometemos, no esforzarnos y no arriesgarnos. Concluimos en que “hubiera sido lindo, pero…”. ¡Ese “pero” es mentira! ¡No puse lo que había que poner! Y eso nos carga de frustraciones. ¿Te cuento una? A mi nieta le regalé un diccionario. Cuando lo compré, busqué la palabra “imposible” y la taché hasta que fuera ilegible. Si aunque sea una sola persona se conmueve gracias a la historia de Atlantis y, por ello, intenta saldar aquel viejo sueño que siempre le pareció imposible, entonces voy a sentir que mi misión está cumplida.

Un señor de barba, que fuma en pipa y cruza los mares
Barragán sonríe animadamente cuando confiesa: 
“jamás saqué ni un osito en una kermés. No hay que esperar nada de la suerte. Todo lo que conseguí fue pelándome el lomo y transpirando la camiseta”.

Así como descuenta que no perdería ni un minuto de su vida en ganar dinero, Barragán reconoce que no tiene asignaturas pendientes: “Me gusta sentir que llegué al deporte para poner y no para sacar. Quiero servir a la gente a través del deporte. Soy muy privilegiado porque vivo feliz de lo que hago. Cuando tenía tres o cuatro años y me preguntaban qué quería ser cuando sea grande, yo contestaba: ‘Un señor de barba, que fume en pipa y cruce los mares’. Soy un enamorado de la naturaleza. ¿Si prefiero el mar, la montaña o la selva? ¡Todo me apasiona, me encanta y me enloquece! La naturaleza, cuanto más extrema, más bonita. La naturaleza ES. El hombre puede aparentar, la naturaleza no. Ella te conquista con su franqueza. Claro que puede ser dura: un temporal en la Antártida es terrible, pero auténtico”.

—¿Nunca sintió miedo?
—No, nunca. Yo no tiemblo ni dudo. Creo en la planificación, en la previsión, en la capacitación y en la investigación. Yo soy un expedicionario, no un aventurero. El aventurero va al mar a ver qué pasa; yo voy al mar cuando ya sé qué va a pasar. El que domina la situación no entra en pánico porque sabe lo que tiene que hacer. Eso no quita que haya que tener cuidados. Infinidad de veces, estuve a punto de que me “apagaran la luz”, pero hice lo que debía y la luz siguió prendida.

—¿Qué opina de la muerte?
—Que es natural, un paso más de la vida. No tengo ningún dilema con ella, que aparezca cuando quiera. ¡Y que no se preocupen los míos si yo falto! Se la van a arreglar, como suele suceder.

—Barragán, por último me gustaría que le deje una enseñanza a los más jóvenes. ¿Qué piensa de las vocaciones?
—Que DEBEN ser IRRENUNCIABLES. Aquel que por un motivo, circunstancia o presión momentánea, renuncia a una vocación, está firmando una condena a la infelicidad. ¡Se va a dedicar a lo que no es ni siente! La vocación es, lisa y llanamente, descubrir quién sos. Encontrarla dependerá de que uno sea honesto consigo mismo y de que su entorno sea responsable y le

permita a ese individuo su búsqueda. El inconveniente es que, en ocasiones, se renuncia a la vocación por ocupaciones más rentables. ¡Y cada vez que hablan de lo que les hubiese gustado ser, se les escapa un lagrimón! Por eso, aconsejo que, a costa de lo que sea, uno siga su vocación. ¿Sabés por qué? Porque se van a despertar y van a pegar un salto de la cama. Con 60 años, yo me levanto cada mañana y tengo ganas de hacer mucho más de lo que hice. ¡Y me acelero al lavarme los dientes porque quiero arrancar! El que no sigue su vocación va a demorarse en el baño porque no quiere enfrentar las mismas labores que hizo el día anterior y que hará al día siguiente. ¿Pero qué espera para decir “este partido no me gusta, quiero acomodar las piezas de otra forma”? ¡Qué me importa si la partida ya lleva 50 años de vida! ¡Pateá el tablero y arranca de nuevo!



-¿Cuál es el mensaje vigente de Atlantis?
-Atlantis habla de animarse a soñar, de atreverse a entrar en la cancha, de esforzarse. De que el que nunca abandona siempre llega...




El mañana
“A futuro, me prohibí tener grandes proyectos deportivos, porque estoy a punto de concretar la creación de un viejo anhelo: el ‘Atlantis Museo de la Aventura’. Cuando se cumplieron 25 años del Atlantis, se hicieron grandes actos, entre ellos, un monumento a la balsa en Dolores, la inauguración de una calle en Mar del Plata y otro monumento en las islas Canarias. En el museo estará la famosa balsa, los kayak que utilicé en el Caribe, el globo del cruce del Aconcagua, etcétera. Obviamente, estará en Dolores, sobre la ruta 2. La idea es que se inaugure en el 2011”.

 Predicar con el ejemplo
“En la Argentina hay desesperanza porque la gente está recibiendo demasiados mensajes negativos. ¿De quiénes? Por ejemplo, de los funcionarios, que deberían dar el ejemplo y no lo hacen (ni en lo ético ni en lo moral), y de los ídolos (clamados como falsos dioses), que tendrían que ser responsables del lugar de privilegio que ocupan. Deben tomar conciencia de que chicos y grandes copian modelos instintivamente. Aquel que es mirado y escuchado tiene que estar a la altura de las circunstancias y no desperdiciar la posibilidad de transmitir mensajes positivos. Menos que menos, darse el lujo de difundir cosas negativas. La mayoría de la gente es buena. Lo que pasa es que los malos hacen más ruido. Para armar un buen equipo, un país es un equipo, hay que empezar por mejorar a los individuos, a los jugadores que integran ese equipo”. 


Recuerdos de la infancia
“Haber nacido en 1949, en un pueblo como Dolores, hizo que gozara de una libertad notable. De muy chico empecé a ir a pescar, a cazar y a acampar. Teníamos los campos a cuatro cuadras de nuestras casas. Allí comencé a conocer y a amar a la naturaleza. Tuve una infancia muy feliz. Mi padre era un abogado de pueblo y mi madre, ama de casa. Con ellos, más mis tres hermanos, mis siete tíos y una veintena de primos, compartí todo: fiestas, velorios, casamientos, bautismos y asados. Hoy hago lo mismo. Tengo en Dolores a todos mis muertos y a todos mis vivos. Ni se me pasa por la cabeza la posibilidad de irme de mi pago”.

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