"El valor de la palabra dada"


Que importante es respetar y mantener la palabra dada, más cuando nadie no obliga a ello, sin embargo, sabemos, que una vez que la damos hay que cumplir con lo que ella involucra.

En la medida que nos interrelacionamos, cualquiera sea el rol que desempeñamos, debemos ser fiel a la palabra, lo que ella encierra.

Cuando prometemos algo, nos comprometemos en cumplir, debemos determinar  lo que ello encierra, puesto que desde ese momento estamos obligados a que sea una realidad, esta en juego nuestra conducta, personalidad, confianza, respeto, credibilidad.

Es por eso, que antes de dar la palabra determinemos su alcance, repercusiones, lo que ello encierra, lo que se está en juego, a través de ella nos damos a conocer, a que se tenga un buen juicio de nuestra seriedad, que se nos crea, de lo contrario nunca se nos considerara como personas que cumplen lo que promete.

Al respecto nos comenta paginaabierta.com que a través de la palabra y de nuestros actos, revelamos si somos íntegros o no. La seriedad, honestidad y responsabilidad con lo que decimos y hacemos refleja nuestra Integridad

El incumplimiento de la palabra es un acto de violencia, la desconsideración, la deshonestidad, no hacer lo que se dice, la impuntualidad, incumplir los acuerdos, son actos hostiles, que resultan una burla y una falta de respeto hacia los demás, que comprometen nuestra seriedad e integridad personal, y además fomentan el conflicto y la discordia.
A todos nos tranquiliza y nos hace sentir confiados, estar ó relacionarse con alguien que hace lo que dice, que está comprometido con su palabra y la honra cumpliéndola, alguien que cumple lo que dice que hará, sea lo que sea, y en caso de que realmente no vaya a poder hacerlo, lo comunica con tiempo y se disculpa por su incumplimiento. Cuando alguien actúa así, transmite seguridad y confianza, factores clave para una relación sana en cualquier ámbito. La práctica de la Integridad es el gran promotor de la armonía, la claridad, la unión y la honra, hacia nosotros mismos y hacia los demás, por otro lado, siempre hallaremos la falta de integridad en la raíz del conflicto, los inconvenientes y la discordia en nuestras relaciones, incluyendo la relación que tenemos con nosotros mismos.

Por su parte, carmenlobo.blogcindario.com nos relata, que la palabra es la expresión cumplida de lo que somos. Es el único patrimonio que nos queda cuando no nos queda nada. 
Es la forma en que nos definimos y en la que nos entienden. 
Respetarla es respetarnos; desecharla es creer que no ser nada es mejor que ser lo que somos; es aborrecernos. 
De algunos es entendible. 
La palabra no permite matices, no quiere dobleces de sí misma, es pura, pero no puritana, 
es  real, pero no entiende de superficialidades, es inmortal, es invencible,  pues perdura más allá de nuestros días, aunque a muchos les duela, que aunque no esté escrita, nos quede en la memoria. 
Quien no tiene la palabra no la entiende, ni la ama, ni tan siquiera la necesita. 
Vive inmerso en su vacío, en sus frases marchitas, en sus sonidos huecos, en sus vocablos deshechos. 
Quien reniega de ella lo hace porque la teme,  porque la cree innecesaria. La tomaría si no fuera porque desconocerla lo aterroriza y por no dominarla, no poder vencerla en una lucha entre verdades, 
mentiras, y verdades a medias, ganaría siempre la palabra. 
Verdad sin excusas. La palabra nos une nos hace entendible el mundo, expresables los pensamientos, los sentimientos los hace artes, y comprensible las gentes.

En conclusión, debemos estar muy atento como manejamos nuestra palabra, que tanto nos respetamos y respetamos a los demàs, no prometamos nada  sin saber si realmente podemos cumplir, consideremos una vez más, que nadie nos obliga, es nuestro libre albedrio que lo hace. Tengamos en cuenta lo que nos dice Lina Cristiano, que las palabras de las personas no siempre están sustentadas por hechos, a veces demuestran que lo que dicen son sólo palabras.....", y en ese caso, no sabrás si creer ó no en ellos, no son confiables, carecen de credibilidad, no son íntegros, sin embargo, remítete a los hechos, mira su vida, mira lo que hace consigo mismo y con los demás, mira como se conducen, eso es lo que finalmente revelará la auténtica Verdad.

Fuente: La Coctelera

3 comentarios:

Escato dijo...

¡Pero qué barbaridad en pleno siglo XXI!
"No me saques sin razón, no me envaines sin honor". Esta frase de origen medieval figuraba escrita en la hoja de la espada del general Pinochet. Viene a ser la traducción del "sostenella y no enmendalla".
Lo cierto es que en el mundo real las circunstancia son cambiantes; y lo que uno promete hoy, de buena fe, con las circunstancias de hoy, puede suponer una enorme injusticia o disparate mañana con las circunstancias de mañana.
Lo del honor y la palabra dada son conceptos medievales que debemos desterrar de nuestra mente. Mejor no dar palabra de nada, y mejor no ser esclavos de un honor que ha llevado a matar esposas y a suicidarse por cumplir con dogmas no escritos absolutamente trasnochados.

Juan Manuel Mora Mata dijo...

No estoy de acuerdo con su comentario, la palabra dada hay que cumplirla, los valores no se cambian con el tiempo, quien es honesto lo será hoy mañana y siempre, las promesas se cumplen o no se hacen, así de simple. El honor no es sólo un término medieval, es un término que indica que se promete cumplir con la palabra dada, no son dogmas, por algo el mundo está como está, por creer que todos deben hacer lo que les venga en gana, sin importar las circustancias. Ojalá se conservara la honestidad y la palabra dada para siempre, que.mundo tan diferente tendríamos hoy.

María Jesús Escobedo Barrera dijo...

Estoy de acuerdo con Escato, aunque se sea honesto las circunstancias pueden cambiar, y aunque se quiera mantener la palabra dada puede resultar imposible por causas ajenas a nosotros. Puede ser que esa palabra dada haga daño a quienes más queremos, y el honor no debe ser más importante que eso, y no se es menos honesto por incumplir una palabra dada que se nos ha vuelto imposible, por muy honorables que sean nuestras intenciones. No es que los valores cambien, es que a veces las circunstancias nos superan. No se trata de que se dé la palabra a la ligera o de no haberla dado, sino que a veces es necesario romper ese compromiso porque no hay más remedio, porque vale más un ser querido que el honor. Por desgracia, se ha hecho mucho daño por mantener una palabra que ya no se podía mantener, por mirar antes por ese honor sobrevalorado, sí, a veces está sobrevalorado. Por desgracia, ha muerto y se ha matado a gente por el honor. Ni la palabra ni el honor se han de llevar a extremos, y a veces la rigidez de cumplir por fuerza la palabra lleva a eso, a extremos. El mundo sería más rígido si todo el mundo mantuviera su palabra, y no, aunque se crea, no sería mejor.